jueves, 13 de julio de 2017

In memoriam

Ayer por la noche falleció mi tío, el Dr. Juan Lara Mondragón, médico oftalmólogo apasionado por la historia de Aculco con quien tuve gran afinidad.

Con toda certeza no hubo otra persona que conociera mejor la historia de nuestro pueblo y municipio en los siglos XIX y XX, y pocos eran capaces de referir dicha historia como él: con su contexto y matices, lugares y circunstancias, elaborando un cuadro vívido de las personas y costumbres de otros tiempos. Hombre culto, con estudios, viajes, lecturas y relaciones académicas y políticas, durante años extendió su protectora sombra patriarcal sobre su extensa familia; en ella muchos le somos deudores en diversos aspectos, desde el afectivo e intelectual hasta el económico.

Hace quizá unos 25 años, en cierta ocasión en que mi tío Juan me platicaba con su habitual amenidad alguna de sus historias, le pregunté ya no acerca de esos aculquenses decimonónicos de los que hablaba, sino de los que habitaron este sitio en tiempos coloniales. "No sé quiénes fueron", me contestó, y a partir de aquel momento comenzamos los dos a investigar extensamente sobre ello, compartiendo nuestros hallazgos y disfrutando el coincidir en gustos e intereses en ese y otros ámbitos. Gracias a todo ello fue que logré escribir el libro Arroyozarco, puerta de Tierra Adentro (2003), obra que en gran medida se debe a su saber y a su atinada guía.

En los últimos años no estuve cerca de él y lo lamento. Él lo quiso así. Se perdieron muchas horas de pláticas, de conocimiento (pues mi tío continuó investigando sobre Aculco toda su vida) y de ese simple disfrutar de la cercanía de alguien con quien se comparte familia, historia, gustos, aficiones y opiniones. Pero nunca dejé de quererlo y admirarlo, de sentirlo parte esencial de mi vida, y su fallecimiento me resulta así cercano y doloroso.

En fin, gracias por todo y descansa en paz, tío Juan.

viernes, 26 de mayo de 2017

La cárcel de Aculco a principios del siglo XIX y sus misterios

Hace unas semanas, al platicarles aquí acerca de la localización de las antiguas Casas de Cabildo o Casas Reales de Aculco, comentaba que este tipo de inmuebles solía cumplir con funciones diversas relacionadas con el ejercicio de la autoridad local, por lo que contaban con espacios adaptados para cada una de ellas. Uno de esos espacios solía ser el de la cárcel, reservada normalmente en los pueblos a encerrar presos por faltas menores o, cuando éstas eran graves, sólo para albergarlos durante un tiempo corto, hasta su traslado a la cabecera de la jurisdicción donde serían procesados.

En el caso de Aculco, sabemos que efectivamente las Casas de Cabildo tuvieron su cárcel. Y no sólo eso, sino que justamente los únicos dos planos que han sobrevivido de aquel edificio municipal corresponden al área ocupada por la prisión, pues en 1808 se proyectó ampliarla y mejorarla ya que se hallaba en muy mal estado y las fugas de reos resultaban frecuentes. Estos planos se encuentran en el Archivo General de la Nación en la Ciudad de México.

El primero de ellos está acompañado de una nota que explica (corrigiendo su ortografía):

En este pueblo de san Jerónimo Aculco y en veintiocho días del mes de diciembre de mil ochocientos ocho, don Antonio de Garfias y don José Manuel García, ambos vecinos de dicho pueblo, por orden del señor teniente don Ignacio Lozano, quien nos mostró una superior orden del Excelentísimo Señor Virrey para que justipreciáramos el costo que podían erogar dos piezas en las Casas Reales y un patio para soleadero de presos, lo cual ejecutamos en la manera siguiente:

En seguida se incluye el plano, que muestra una superficie en forma de cuadrado con un pequeño apéndice en la parte inferior izquierda. Aparecen inscritos en esta superficie leyendas que señalan la "carcel que está hecha" -es decir, la cárcel vieja- y dos aposentos nuevos: el "cuarto para separar presos", que tendría un valor de 60 pesos, y el "cuarto del alcaide" (o jefe de la prisión), que es el que forma el apéndice descrito antes, con idéntico valor. Al patio al que miran estos aposentos se le asigna un valor de 204 pesos (que suena excesivamente elevado) y a la construcción de un zaguán nuevo, 30 pesos. El documento prosigue con otra leyenda:

En este estado hemos hecho este aprecio que todo monta trescientos cincuenta y cuatro pesos y para que conste declaramos por menor que el cuarto de separación costará sesenta pesos y el del alcaide sesenta pesos, las paredes del patio doscientos cuatro pesos, la puerta del zaguán con todas sus cerraduras y canterías treinta pesos y monta la cantidad dicha, y lo firmaron en dicho día, mes y año. Antonio de Garfias. José Manuel García.

De tal manera, eliminando lo que se pretendía construir, la cárcel de Aculco en 1808 casi seguramente no era otra cosa sino un cuarto dentro terreno bardado. Algo muy natural en un pueblo tan pequeño como era el nuestro a principios del siglo XIX. Al parecer, esta cárcel se hallaba al fondo del edificio de las Casas Reales, es decir en la zona que corresponde actualmente al segundo patio del Hotel Jardín.

Sin embargo, existe un segundo plano mucho más complejo, aparentemente elaborado por los mismos funcionarios aculquenses y unos meses anterior al de diciembre de 1808. Este plano, elaborado "para ver qué se podía mejorar y qué materiales serían los mejores para evitar algún riesgo", revela un proyecto mucho más ambicioso formado por catorce secciones. Todas ellas se distribuyen alrededor de dos patios (separados éstos por una simple barda). En el primer patio encontramos la "puerta principal", la "cárcel para hombres", la "vivienda del alcaide" (dividida en dos piezas) y, contiguos, el "patio de mujeres", la "cárcel de mujeres" y la "sala para enfermas". En el segundo patio están, al fondo, la "cárcel vieja" y "casa vieja en donde vive el alcaide", y a un costado la "sala para enfermos", el "cuarto de la bartolina" y la "sala para separación de presos".

Ahora bien, hay tres cosas desconcertantes en este segundo plano. La primera es el tamaño del edificio, ya que las Casas Reales parecen no haber sido muy grandes y una construcción así habría ocupado prácticamente todo su terreno únicamente para cumplir con su función carcelaria. La segunda es su orientación, pues el edificio abre su puerta principal hacia el poniente, cuando sabemos que las Casas Reales tenían su entrada hacia el sur, del lado de la Plaza Mayor. Esto podría explicarlo, quizá, un error posterior a su trazo, ya que los puntos cardinales están escritos con letra y tinta diferente. La tercera es que la cárcel preexistente, la llamada "carcel que está hecha" en el primer plano y "cárcel vieja" en el segundo no coinciden plenamente, ya que en este último caso está acompañada de la "casa vieja en donde vive el alcaide", además de quela orientación de la "entrada principal" o "zaguán" según se refieren a ella estos planos resulta incompatible. Hay aquí, pues, un misterio que no alcanzo a develar todavía. he llegado a pensar incluso que este plano no corresponde a Aculco, mientras que del primero no hay duda alguna.

Y bien, ¿queda algo de aquella vieja cárcel de principios del siglo XIX, histórica además porque cuenta la leyenda que Miguel Hidalgo liberó de ella a los presos en noviembre de 1810 y luego tras su derrota en la Batalla de Aculco albergó a varios insurgentes capturados en dicha acción? Pues muy probablemente sólo los muros que la limitaban, entre los que destaca el situado al norte, que da hacia la calle de la Corregidora. Este poderoso muro, construido en tezontle, con un gran contrafuerte y una portada del siglo XVIII que no estuvo originalmente ahí, pero forma con él un hermoso conjunto, sin duda nos permite evocar aquella antigua cárcel de Aculco.

viernes, 7 de abril de 2017

Viernes de Dolores

Si la Cuaresma es un preludio y preparación de la Semana Santa, el tradicional "Viernes de Dolores" -el último viernes previo al Domingo de Ramos- viene siendo ya sus vísperas o incluso su inicio informal. Aunque los orígenes de esta celebración que exalta los siete dolores de la Virgen María en la paión de Cristo son remotos, sólo en el siglo XVIII quedó formalmente establecida cuando el papa Benedicto XIII la proclamó para toda la Iglesia en 1725. En México, o más bien en la Nueva España, el espíritu barroco de esa época favorecía la adopción de nuevas festividades que engalanaran ese gran teatro que era la vida pública, impregnada de fervor religioso.

Así, el Viernes de Dolores se celebró en el siglo final del virreinato con procesiones con la imagen de la María en su advocación de Nuestra Señora de los Dolores como figura principal, pero especialmente montando altares efímeros a esa misma devoción, adornados con telas suntuosas, botellas de aguas de colores, aserrín pintado, papel picado, macetas y flores, aves cantoras en sus jaulas, "nacidos" (trigo germinado en la oscuridad para que las plántulas mantuvieran un color amarillo) y velas en tal cantidad que a veces a estos altares se les llamaba "incendios". En los conventos, casas particulares y vecindades se ponían estos "altares de Dolores", y cada familia o corporación parecía competir con sus vecinos por crear el adorno más fastuoso. Aunque naturalmente disminuída, la tradición se mantuvo a lo largo de los siglos XIX y XX, y actualmente aún abundan, pero pesa verlos en muchas ocasiones sólo como obra de rescate cultural y ya no como una devoción popular. Parte de la culpa de esa pérdida la tuvo la propia Iglesia, pues en 1960 redujo el carácter del Viernes de Dolores de festividad a conmemoración, y luego en 1969 el papa Paulo VI la eliminó por completo del tiempo canónico de la Semana Santa.

En Aculco la tradición también existió por lo menos hasta mediados del siglo XX, pero desconozco si se conserva todavía o ha resurgido en algún sitio de nuestro pueblo. Por mi parte, quise escribirles estos párrafos y mostrarles las imágenes que aparecen aquí de la imagen de Nuestra señora de los Dolores en un nicho del retablo barroco de La Concepción Pueblo, municipio de Aculco, como una especie de Altar de Dolores virtual. Abrimos paso a la Semana Santa de 2017.

jueves, 23 de marzo de 2017

Tres pinturas pasionarias para esta Cuaresma

La antigua hacienda de Cofradía es sin duda la más pintoresca y conservada entre las viejas fincas de campo del muncipio de Aculco. Y si bien su valor histórico, artístico y arquitectónico es sumamente destacado (entre otras cosas, por ejemplo, gracias a sus pinturales murales ejecutadas por el pintor charro Ernesto Icaza), fue sólo a partir de mediados del siglo XX que adquirió plenamente su aspecto actual, cuando su entoncespropietario el banquero Armando Hernández la remodeló como casa de descanso, enriqueciéndola con nuevos anexos y multitud de detalles ornamentales.

Entre las construcciones que se agregaron entonces al casco de Cofradía estuvo la capilla, que se le integró armoniosamente a un lado de la pequeña calzada de acceso a la casa principal. Construida en mampostería de piedra blanca con detalles en cantera rosa, de una sola nave cubierta con un tejado a dos aguas, y coronada por una sencilla espadaña de un solo vano, su constructor acertó al levantar un edificio que cualquiera puede reconocer por sus formas y materiales como muy aculquense.

En la decoración interior de la capilla, la madera predomina sobre todo lo demás: desde la cubierta de viguería, los lambrines, puertas y altar entablerados, hasta las pesadas bancas. Sobre el altar se levanta, a contraluz con la ventana del ábside, un gran crucifijo de hechura moderna.

Menos notorio, pero muy interesante, un grupo de pinturas coloniales y del siglo XIX de pequeñas dimensiones adorna las paredes de la nave. Casi es seguro que ninguna de ellas perteneció originalmente a la hacienda, sino que fueron llevadas ahí precisamente para ornar la capilla. No hablaré en esta ocasión de todas estas pinturas, sino sólo de tres de ellas que coinciden en un tema que viene muy ad hoc en estos días previos a la Semana Santa: la pasión y muerte de Cristo.

Probablemente las tres pinturas son del siglo XVIII. Al parecer ninguna está firmada y sin duda fueron hechas por pintores distintos. En todos los casos se trata de óleos sobre tela, enmarcados (los marcos no son antiguos) y acusan cierto deterioro por desprendimiento la capa pictórica.

Comenzaré por describir el cuadro dedicado a la Virgen María en su advocación de Nuestra Señora de los Dolores. Como todos saben, esta advocación se refiere al dolor de la madre ante el sufrimiento de su hijo Jesús. En esta pintura, sobre un fondo oscuro, María aparece mirando hacia lo alto, las manos juntas en actitud de oración y rodenado su cabeza un nimbo formado por doce estrellas. Su túnica es rosa oscuro y el manto azul pizarra, a la manera habitual de las representaciones marianas. Nada más se observa en el cuadro, así de sencillo es. En las manos, mal dibujadas, y en el rostro con una nariz desproporcionada se advierte que el autor era bastante mediocre.

La factura técnica del segundo cuadro es también, estrictamente hablando, mala. Sin embargo, su mayor riqueza compositiva, colorido y sabor popular dan a esta pieza de carácter barroco un indudable atractivo. En él se observa Cristo con una rodilla en tierra y cargando la cruz, vistiendo una túnica azul con puños y bordes adornados en blanco. Tras él se despliega una cortina de color rojo, mismo color que el pintor utilizó para representar un cojín en el piso, en el que el Salvador apoya su mano derecha. A los lados, un par de ángeles arrodillados portan largas velas encendidas. En el piso, unas rosas que simbolizan la sangre de Cristo, su dolor y sacrificio completan la escena. Por el tipo de desgaste de la pintura de este cuadro me da la impresión de que estuvo algún tiempo almacenado y doblado antes de recibir su marco actual.

El tercer óleo no es rectangular como los anteriores, sino que su parte superior tiene forma ochavada o trapezoidal. Esta característica parece sugerir que proviene de un antiguo retablo, quizá dedicado todo a la pasión de Cristo. Muy pronto se advierte que esta pintura es de mucha mejor calidad que las anteriores, por al finura del trazo de las manos, rostros y ropajes que aparecen en él. Su tema es la Piedad, es decir, la Virgen María sosteniendo el cadáver de Jesús una vez que ha sido descolgado de la cruz. María, con la mirada en alto y gesto triste, sentada, toma con la mano derecha la cabeza del hijo que resposa sobre una sábana, mientras levanta la mano izquierda, suplicante. A la derecha, el apóstol san Juan, con la mirada perdida, levanta el brazo izquierdo de Jesús. Junto a él, María Magdalena arrodillada junta las manos y retira la mirada del Maestro muerto. En segundo plano se alza el mástil de la cruz y al fondo un desolado paisaje.

La Semana Santa de 2017 se acerca. Aunque la costumbre ya la ha vuelto para casi todos tiempo de descanso y de diversión, más que de recogimiento y reflexión, ojalá estas pinturas que les he mostrado aquí contribuyan a que los lectores recuerden aunque sea por un momento su verdadero sentido.

sábado, 25 de febrero de 2017

¿Dónde estuvieron las casas de cabildo de Aculco?

La casa de cabildo (o "casas", ya que con frecuencia se usaba el plural aunque se tratara de una sola) fue, durante el virreinato, la sede del poder local de los pueblos y ciudades: el sitio donde el Ayuntamiento se reunía, en que se guardaba el arca con el dinero de la corporación municipal y donde se resguardaba el archivo civil. Nombradas también "casas reales" o "casas de comunidad", a veces contaba también con anexos tales como el corral del concejo, cárcel, escuela, trojes, matadero, etcétera y solía situarse en la Plaza Mayor del lugar. Se trataba, pues, de lo que ahora llamaríamos el Palacio Municipal.

Aunque en muchos lugares del país los palacios municipales ocupan exactamente el mismo sitio que sus antiguas casas de cabildo, no es éste el caso de Aculco. Las razones exactas las desconozco. Parece ser que el edificio se incendió antes de 1819 (lo que causó la pérdida de todo el archivo, como informan diversos documentos; por ello el actual Archivo Histórico Municipal sólo guarda papeles a partir de 1820). Sin embargo, esto no parece haber llevado entonces a una mudanza, pues como veremos todavía en 1838 ocupaban su sitio original. Creo que lo más probable que en algún momento de suma necesidad, hacia la mitad del siglo XIX, el Ayuntamiento decidiera la venta del inmueble donde había despachado por cerca de 300 años, tras lo que el padre Nicanor Basurto le prestó la vieja "Casa de Ejercicios" de las calles Juárez, Pípila y Manuel del Mazo. En 1875 el licenciado Nicolás Basurto confirmó el préstamo y nueve años después el municipio adquirió finalmente la propiedad en 400 pesos. Este segundo edificio Municipal resultó bastante dañado en el terremoto de 1912 y terminó por ser demolido en 1947 para construir la Escuela Venustiano Carranza (hoy Casa de la Cultura) y el Teatro Municipal. Nuevamente el Ayuntamiento quedó entonces sin sede permanente, hasta que don Alfonso Díaz donó con ese fin la Casa del Quisquémel unos años más tarde, demolida a su vez en 1974 para levantar el actual Palacio Municipal.

De esta ajetreada historia resultó también que la ubicación original de las casas de cabildo de Aculco pasara al olvido. Cuando empecé a investigar el tema, algunas referencias sobre el sitio que ocupó parecían señalar vagamente al lado norte de la Plaza de la Constitución, pero sin la suficiente precisión para lanzar alguna hipótesis. Por ejemplo, están estas compraventas de propiedades del pueblo en el siglo XVIII:

Don Antonio de Morales, albacea del cacique indígena Antonio Magos Bárcena y Cornejo, vendió el 5 de agosto de 1769 a Manuel Sánchez una casa y solar que fue de éste, ubicada "en la plaza del pueblo de Aculco, linda con el camino que va para la alberca del pueblo (muy probablemente la hoy calle Corregidora)", lo que nos ubica en la manzana al norte de la actual Plaza de la Constitución (Catálogo de protocolos de la notaría no. 1 de Jilotepec, agosto 5, Ca. 1, Leg. 13, Fs. 62v-66).Pero Manuel Sánchez era sólo un intermediario y tres días mas tarde vendió a su vez esta propiedad a don José Joaquín de Chávez Navas. En esta ocasión el documento de compraventa afirma con mayor precisión que casa y terreno "linda con las Casas Reales del pueblo" (Catálogo de protocolos de la notaría no. 1 de Jilotepec, agosto 8, Ca. 1, Leg. 13, Fs. 66-68v). En otra escritura, de 1776, José Miguel Sánchez vende a don Manuel García una casa y solar que "linda por el norte con la calle que va a la alberca y por el sur con las Casas Reales" (Catálogo de protocolos de la notaría no. 1 de Jilotepec, diciembre 17, Ca. 1, Leg. 20, Fs. 77v-79).

Sin embargo, el documento que finalmente parece darnos la solución al enigma es el dibujo acuarelado de la Plaza Mayor de Aculco en 1838, a la que muchas veces me he referido en este blog pues aporta muchísima información valiosa sobre nuestro pueblo en la primera mitad del siglo XIX. En este dibujo, del lado izquierdo al espectador aparece, justo al lado de la casa en la que pernoctó Miguel Hidalgo, una entrada enmarcada en cantera señalada con la letra H, que en el pie corresponde al "juzgado". Y sucede que justamente por aquellos años, desde que en 1836 las Leyes Constitucionales de la República Mexicana establecieran el centralismo en lugar del sistema federal de la previa Constitución de 1824, los estados se habían convertido en departamentos y los municipios en juzgados de paz. Es decir, en 1838 la forma de referirse al edificio de la autoridad local -las antiguas casas de cabildo- era precisamente como juzgado.

Establecida ya la ubicación general de este edificio administrativo en el costado norte de la Plaza de la Constitución, queda sin embargo por determinar a qué construcción de nuestros tiempos corresponde exactamente. Porque el dibujo, a pesar del gran detalle que ofrece, resulta en ciertos puntos desproporcionado y por otra parte los límites entre casas contiguas pueden haber variado con el tiempo (algo relativamente frecuente por la compra y venta de pequeñas fracciones de terreno).

Si hacemos caso al dibujo, el acceso al juzgado estaba tan cercano a la entrada de la "Casa de Hidalgo" que se podría creer que más bien ocupaba una accesoria del mismo inmueble. Sin embargo, considero más probable que como en otras partes del dibujo, el autor haya "comprimido" lo que entonces era sólo un muro ciego sin puertas ni ventanas (tal como se puede ver en las más antiguas fotografías de la casa) con el fin de permitir que por lo menos asomara el inmueble vecino, dada su importancia como sede del gobierno. Así, el juzgado, antiguas casas de cabildo de Aculco, habrían estado situadas en mi opinión y con base en estas consideraciones en el edificio que hoy día alberga al Hotel Jardín.

Y físicamente, ¿qué queda actualmente de las antiguas casas de cabildo en este sitio? Para empezar, según la evidencia documental estas Casas Reales no ocupaban todo el terreno del actual Hotel Jardín, sino solamente su mitad sur, que da hacia la plaza. Además, el inmueble fue modificado a principios del siglo XX, y adaptado justamente como hotel en 2008. En todo caso, solamente la planta baja dataría de tiempos coloniales. La crujía que da hacia la plaza parece ser la parte más antigua de la casa y el salón que ocupa casi todo este frente pudo bien haber sido la sala de cabildos, sitio de reunión de la corporación municipal en pleno. En cuanto a las portadas de cantera de la fachada, tengo la impresión de que la que enmarca el acceso principal se remonta a aquellas épocas; las tres portadas pequeñas, en cambio, serían mucho más tardías, y la de la extrema derecha señalaría sólo por su posición la que el dibujante de 1838 plasmó en su obra.

martes, 21 de febrero de 2017

Fuck context

El pasado 19 de febrero las autoridades municipales de Aculco colocaron la primera piedra de un edificio de nueva planta que albergará el Centro de Atención Ciudadana y Protección Civil, una obra que se realizará con recursos federales en la que se invertirán 40 millones de pesos.

Aunque esta obra se construirá fuera del perímetro determinado en la declaratoria de Aculco como parte del Camino Real de Tierra Adentro y sitio del Patrimonio Mundial de la UNESCO, y por tanto no está sujeta a la reglamentación y restricciones que rigen en aquellas (o más bien dicho, deberían regir), me parece importante hacer algunas observaciones personales. Porque, de entrada, el hecho de que sólo se cuide la arquitectura de una zona limitada del pueblo resulta francamente deplorable, pues en lugar de extender hacia las afueras los valores reconocidos de un casco histórico con valor patrimonial, se piensa en esos suburbios como algo de segunda clase, en donde cabe cualquier bodrio arquitectónico. Que es, lamentablemente, el caso de este nuevo edificio.

Debo decir primero que para mis comentarios me baso solamente en las fotografías publicadas por el propio Ayuntamiento, en el que se observan unos renders de las fachadas del edificio impresas en una lona. Sin embargo, no creo que se necesiten muchas más imágenes para percibir que se trata -por lo menos en lo estético- de un proyecto que no debería tener cabida en Aculco.

Aunque la fachada predominantemente blanca del inmueble podría llamar a engaño, es obvio al observar con cuidado el proyecto que el autor desdeñó por completo la tradición constructiva aculquense, lo mismo en las formas que en los volúmenes, colores y materiales. Su estilo, que intenta ser moderno, en realidad pareciera creación de la década de 1990. Esa especie de contrafuerte negro aparentemente sin función que se desprende de la fachada principal, y el gran ventanal enmarcado en rojo brillante de la planta alta resultan tan forzados e innecesarios como estridentes. Los enormes letreros a izquierda y derecha que incluyen el escudo municipal son el complemento perfecto para una obra que en lugar de tratar de ganarse serenamente un lugar, parece gritar al transeúnte ¡véanme! ¡estoy aquí!, ¡soy nuevo y soy especial!, ¡no me parezco a nadie!, ¡odio a mis padres y abuelos arquitectónicos!, ¡me construyó el gobierno!

Pero si en la fachada principal por lo menos predominan ligeramente los muros sobre los vanos y el color blanco impone algo de contención, parece ser que su fachada lateral se suelta el pelo. ¿Está formada por vidrios polarizados? ¿De veras? ¿O sólo es negra? En cualquier caso, con ella el edificio se convierte en algo digno de, digamos, Toluca (y miren que Toluca es fea). Y está también la plaza o patio que se extiende a su frente, que casi con total certeza terminará por convertirse en estacionamiento, ya lo verán, aunque aquí aparezca libre de autos. Por lo visto, el arquitecto sufre de un horror al vacío (horror que comparte con los arquitectos barrocos, que por lo menos sabían llenar ese vacío con mucho mejor gusto), por lo que ha decidido pavimentar esa plaza con losas de diferentes colores y adornarla al centro con una rosa de los vientos, que desconozco a cuento de qué viene aquí.

Ya se habrán percatado de que no se trata de una gran obra en cuanto a su tamaño (aunque lo que se va invertir en ella haría pensar que es un palacio). Entonces, ¿por qué mi interés en criticarla? Porque se trata muy probablemente de la primera obra gubernamental moderna que con toda franqueza desecha la idea de integrarse con cierta armonía al conjunto urbano de Aculco. Desde la unidad Jorge Jiménez Cantú (de la que foma parte el antiguo mercado, hoy oficinas administrativas, el auditorio y la plaza del Oso Bueno) inaugurado en 1978, pasando por el mercado nuevo, construido en 2009, hasta el reciente Centro de Atención Integral para Mujeres (2016), todas esas obras habían tomado en cuenta en mayor o menor grado la identidad arquitectónica aculquense y se habían incorporado a ella con solvencia. No es el caso de este nuevo edificio, y lo malo es que una vez que se rompen una vez este tipo de límites no escritos, pero aceptados, ya no suelen respetarse nunca más.

No se trata, por cierto, de una discusión sobre la modernidad, pues incluso en los lineamientos sobre intervención en edificios o conjuntos históricos las normas de la UNESCO señalan que las construcciones nuevas que se integren a ellos deben llevar el sello de su tiempo, sin tratar de aparecer como obra de siglos anteriores. Se trata de una discusión sobre identidad arquitectónica y respeto a un contexto reconocido por su valor. Rem Koolhas, arquitecto holandés, pronunció alguna vez una frase que se volvió famosa "fuck context" ("a la chingada el contexto", diríamos en México), refiriéndose justamente a que su obra no tenía por qué respetar contexto previo alguno. Con este nuevo Centro de Atención Ciudadana y Protección Civil, las autoridades municipales de Aculco han lanzado su particular ¡fuck the context!, y lo terrible es que ese contexto que han mandado a la chingada no es cualquier cosa, sino un sitio del Patrimonio Mundial de la UNESCO. En fin, si no era esa su intención, aún hay tiempo de rectificar: por ahora sólo se ha colocado la primera piedra de ese lamentable edificio.

jueves, 9 de febrero de 2017

Las restauraciones que quizá no llegarán

En julio pasado publiqué en este blog una entrada que titulé "Nerviosismo: las obras de restauración que no empiezan". Decía entonces que el Municipio de Aculco había resultado favorecido en el concurso convocado en 2015 por el Fondo de Apoyo a Comunidades para la Restauración de Monumentos Históricos y Bienes Artísticos de Propiedad Federal (FOREMOBA), para que se llevaran a efecto los trabajos de restauración de la torre de la parroquia, así como de la cubierta de la capilla de Santiago Oxthoc Toxhié, como puede verse aquí. Que el FOREMOBA, organismo que forma parte de la Secretaría de Cultura, había depositado ya al Ayuntamiento los fondos que le correspondían para ambas obras (ya que el municipio también aporta recursos). Y que, pese a ello, dichas obras no habían iniciado todavía. Pues bien, ya transcurrió prácticamente un año desde que el Ayuntamiento recibió los fondos, seis meses desde que echamos en falta estos trabajos y todavía no ocurre nada.

Me sorprende realmente la forma descuidada con la que el Ayuntamiento ha abordado este problema, cuando se ha mostrado muy activo en otras iniciativas benéficas para Aculco, pero que considero de menor trascendencia. Porque es en realidad ya un problema, pues no se trata de dineros propios, sino de fondos federales que no le pertenecen al municipio y que de no ejercerse para lo que están destinados deben ser devueltos a la Federación, intereses incluidos, como manda la ley. Peor aún, si vemos las cosas con una perspectiva más amplia: en el concurso convocado por el FOREMOBA en 2016, Aculco, que contaba con un buen historial por las etapas de restauración que se han llevado a cabo en la parroquia de san Jerónimo, fue nuevamente favorecido, esta vez para trabajos de conservación de las cubiertas del antiguo Hotel de Diligencias (o mesón) de Arroyo Zarco; sin embargo, hasta el momento los fondos correspondientes -según me informan- están listos pero han sido retenidos mientras no se inicien las obras anteriores. Es decir, ya no son sólo dos proyectos de restauración los que están en riesgo, sino también un tercero. Y, además, estos malos antecedentes necesariamente tendrán que influir en los próximos concursos del FOREMOBA, que son sumamente competidos.

Sinceramente no sé en qué acabará esto. Pero sí quiero decirles que resulta de lo más lamentable para la conservación del patrimonio de nuestro municipio que, una vez que se había hallado el camino para restaurarlo poco a poco, de manera cuidadosa, sean ahora las propias autoridades municipales las que parecen estar cerrando esa ruta. Sin intención alguna de conflicto con nuestras autoridades, creo que merecemos cuando menos una buena explicación.