jueves, 2 de julio de 2009

Casa de la Cruz del Ojo de Agua

Esquina de la casa de la Cruz del Ojo de Agua

La Plaza del Ojo de Agua es la más pequeña de las plazas históricas del pueblo de Aculco. Es también la única que no se encuentra propiamente en el centro de la población, sino en lo que fueron su orillas. Es quizá también la única que no recibe oficialmente la denominación de "plaza".

Con todo, es uno de los lugares que mejor conserva el sabor del viejo Aculco. Su superficie es la de un triángulo que tiene su vértice en la confluencia de las calles de Iturbide, Aldama y Corregidora, y se va ensanchando paralelo a la calle de Pomoca, antiguamente llamada calle de Nenthé. Todo el lado oriente de esta placita está limitado por los Lavaderos Públicos del Ojo de Agua, lastimosamente "restaurados" (en realidad destruidos y reedificados) hace dos años.

Vista general de la Plaza del Ojo de Agua, hacia el norte.

El tejado del Ojo de Agua parte casi a ras de suelo de la plaza, ya que los lavaderos se encuentran cerca de dos metros por debajo de su nivel. Esto no siempre fue así y de ello es evidencia el sencillo y hermoso portal que tiene la placita hacia el norte, que aparece también "hundido". Antaño, cuando conservaba la plaza su nivel original, el Ojo de Agua no tenía los muros laterales, sino una serie de pilares en los que se apoyaba el tejado que permitían su vista hacia el interior. Al nivelarse la plaza, los intercolumnios fueron rellenados con piedra. Ni siquiera hay que mencionar que la reconstrucción de 2007 borró toda la evidencia histórica de esta antigua disposición al reemplazar, lo mismo columnas que relleno, con muros nuevos de piedra blanca, desagradablemente "rajueleados".

El costado norte de la plaza lo limita, en escuadra con el Ojo de Agua, el portal que mencionamos líneas arriba, con tejado apoyado en cuatro pilares de piedra blanca a los que la remodelación de 1974 les regaló sendos capitelitos de concreto. A este portal se abren una puerta con marcod e cantera con cerramiento poligonal y moldura, así como un balcón también moldurado que conserva los restos del barandal de madera que tuvo hasta hace no muchos años. Un par de cuernos de toro empotrados en la pared indican que ahí se solían amarrar las cabalgaduras.

Portal de la Plaza del Ojo de Agua. Obsérvese el desnivel con la calle.

La totalidad del costado poniente de la plaza lo ocupa la interesante construcción a la que nos referimos en este post: la Casa de la Cruz del Ojo de Agua, o Casa de los Villafuerte, por haber sido la familia de este apellido la que la poseyó desde el siglo XIX y hasta la década de 1960, en que fue vendida a su pariente, el Dr. Juan Lara Mondragón.

Vista antigua, general, de la Casa de la Cruz del Ojo de Agua. Se aprecia la doble galería que mira hacia el oriente, así como parte del patio y el corral.

Una vista más reciente de la misma casa.

El nombre de Casa de la Cruz es evidente, ya que en la esquina que forma en la intersección de las calles Aldama y Pomoca existe una gran cruz formada con pequeñas piedras de tezontle embutidas en el muro. La leyenda cuenta que la cruz fue colocada debido a que en ese punto se aparecía "La Llorona" aunque, refierela misma leyenda, en realidad esto era un cuento divulgado por el campanero de la parroquia, quien lograba así que cualquier entrometido despejara el campo y le permitiera llevar a cabo en el Ojo de Agua sus ilícitos encuentros con su amante. Una versión de esa historia, más bien poco conocida, concluye con un desenlace trágico y ejemplar: una noche, cuando la amante del campanero se ocultaba esperándolo, escuchó el ruido que hacían los cascos de un caballo. Al asomarse, vio que se trataba de una gran mula prieta (seguramente el diablo mismo) que arremetió a coces contra ella, dejándola muerta.

Esquina con cruz de tezontle.

Vista general de la casa, desde la calle Corregidora.

En la Casa de la Cruz del Ojo de Agua se aprecian por lo menos dos etapas constructivas importantes. De la más antigua se conservaba, al fondo de la propiedad, un gran salón del siglo XVII o XVIII, ya arruinado, que estuvo cubierto de gruesa viguería y que contaba con un hermoso portón con clavos ornamentales de hierro, calados en forma de cruz, a más de una alacena con hermosas puertas casetonadas. Según creemos este salón era el último resto de una gran construcción con las mismas características, pues hacia los solares colindantes existían restos ya muy deteriorados que parecían continuar aquellos gruesos muros y altas azoteas.

Hacia 1905, don Fidencio Villafuerte instaló en ese salón una fábrica de cambayas, de cuyos telares de madera sobrevive todavía algún fragmento.

Restos de la maquinaria de la fábrica de mantas y cambayas que existió en esta casa.

De una etapa constructiva posterior, seguramente ya de principios o mediados del siglo XIX, es el resto de la casa. El cuerpo principal forma escuadra con el antiguo salón y se desarrolla en dos pisos de poca altura relativa. Cuenta con un corredor principal que mira hacia el oriente y una pequeña prolongación en ángulo recto con vista al norte. Según se puede apreciar, lo sostenían antiguamente columnillas de madera apoyadas en bases de cantera y con zapatas labradas, que se alternaban con delgados pilares de mampostería que eran quizá un agregado posterior. Otros elementos notables de esta casa son su simpática escalera de madera torneada, su pozo cuadrado equipado todavía con una bomba de mano, otro pozo circular y con escalerilla de caracol que yace enterrado, y sobre todo su extraña portada doble hacia la calle de Aldama.

Portada de la casa.

Aunque la casa se conserva en relativo bien estado de conservación, con la excepción del gran salón que como ya dijimos perdió sus azoteas hará más una década, la integridad de su antiguo solar ha sido violada: un pedazo de no más de 150 metros cuadrados de su corral fue regalado por el dueño a una parienta suya, pretendiendo borrar con ello viejos agravios familiares por herencias. En este terreno (en el que quedaban los restos de lo que en algún momento fue una tienda), se construyó una casa de nueva planta que contrasta desfavorablemente con la vieja construcción por sus materiales modernos, por su reja con vista a la calle y por su techo de concreto con marquesinas.

Fachada de la casa hacia la calle Aldama. Obsérvese la intrusión, a la derecha, de la reja de la casa moderna construida en parte del solar.

La casa moderna "incrustada" entre los lienzos de la fachada principal y la barda del corral de la Casa de la Cruz del Ojo de Agua.

Bardas del corral de la misma casa, hacia la calle Pomoca.