jueves, 23 de noviembre de 2017

Espadañas de Aculco

Una espadaña no es otra cosa más que la versión más simple de un campanario: un muro o arco que se eleva sobre el cuerpo de un edificio y tiene en él uno o más vanos para colocar campanas. Con excepciones notables, las espadañas solían ser un recurso arquitectónico menos caro y ostentoso que la construcción de torres en los templos novohispanos. Pero también en muchos casos, junto con las torres-campanario de las iglesias, se levantaban pequeñas espadañas con uso diverso, como las que se colocaban hacia el claustro del convento para regular con el tañido de sus campanas la vida de los frailes o monjas. En los antiguos edificios de carácter civil (como haciendas, casas de cabildo, fuertes, postas y mesones) las espadañas resultaban casi sin excepción la forma natural de colocar campanas en ellos.

La parroquia de Aculco tuvo desde el inicio del siglo XVIII como campanario principal el de su torre, actualmente en restauración. Pero también contó con un par de sencillas espadañas, una ubicada sobre el muro sur del presbiterio de la iglesia, mirando hacia el convento, y otra más localizada sobre la "torrecilla" que se levanta en el ángulo noroeste del claustro, viendo hacia el atrio.

La antigüedad de la primera de ellas (más en ubicación que en sus materiales, pues parece haber sido reconstruida tardíamente), es casi segura: si bien no aparece en el famoso dibujo de 1838, esto se debe quizá sólo a la perspectiva, pero en cambio es visible en fotografías de entre 1901 y 1903. Además, su ubicación coincide con la espadañas en muchos otros conventos mexicanos, con lo que su uso se puede relacionar con las llamadas al rezo de las horas canónicas cuando los franciscanos habitaban aún este lugar. La segunda espadaña tampoco se puede observar en el dibujo de 1838, pero en su caso no podría haberse encontrado entonces ahí ya que los faldones del tejado de la "torrecilla" cubrían el pretil sobre el que más tarde se levantó. Sólo las fotografías de la década de 1950 en adelante nos lo muestran con mayor claridad y su vida no fue muy larga, pues se demolió hacia 1974.

La antigua capilla de Nenthé tuvo asimismo un par de espadañas mixtilíneas coronando los extremos de su fachada. Por la composición de ésta y la forma en la que siguió el modelo de la parroquia, me parece que tales espadañas eran un agregado posterior a la construcción original de 1702, pero formaban con ella un conjunto muy agradable lamentablemente ya perdido.

Del siglo XVIII aunque con modificaciones decimonónicas parece ser la gran espadaña de dos vanos que ocupa todo el ancho en la fachada de la capilla (ahora parroquia) de la hacienda de Arroyozarco. Muy probablemente ya existía en 1768, según se deduce de algunos documentos de la finca relacionados con los inventarios de los bienes de los jesuitas, sin embargo su frontón triangular y los remates neoclásicos indican una remodelación realizada acaso en la segunda mitad del siglo XIX.

Excepcional en Aculco por haberse encontrado en una construcción de tipo civil fue la pequeña espadaña barroca de la llamada "Casa de Hidalgo", que se levantaba sobre el pretil de la segunda planta de esta casa. Seguramente desapareció después de 1912, cuando los terremotos de noviembre de ese año dañaron esta área del inmueble y obligaron a su demolición.

Muy posterior, aunque formando parte todavía de lo que podemos considerar la arquitectura tradicional antigua de Aculco, la capilla del rancho de San José edificada en 1922 muestra su fachada con dos espadañas que muy probablemente se inspiraron en las de la vieja capilla de Nenthé, no tanto en el detalle como en su disposición general. Enmarcadas en cantera, las coronan sendos pináculos de barro muy parecidos a los que adornan el reloj público del pueblo.

Cronológicamente le sigue la espadaña de la capilla de la hacienda de Cofradía, obra de las décadas de 1940 o 1950. Aunque es por tanto bastante tardía, se debe destacar la intención de su constructor por armonizarla no sólo con el casco de la finca, sino con la arquitectura aculquense en general: combina los aplanados encalados, los detalles en cantera y las cornisas de ladrillo, mientras su perfil curvo evoca lejanamente el de Arroyozarco y los remates neoclásicos a sus extremos son casi idénticos a los de la capilla de aquella hacienda.

La capilla del Perpetuo Socorro que se ubica en la avenida Manuel del Mazo tuvo asimismo un par de pequeñas espadañas, obra menor de la década de 1970 que sin embargo no quiero dejar de mencionar, especialmente porque ese detalle del edificio desapareció hará unos veinte años, cuando se edificó su torre.

Sólo después de publicada la primera versión de este texto recordé otra espadaña que fotografié hace siete años al hacer algunas tomas desde una casa de la Plaza de la Constitución en dirección poniente. No he podido identificar la casa en que se encuentra esta sencilla espadaña, pero debe tratarse de alguna de las que tienen fachada hacia la avenida Hidalgo, antes del cruce con la calle de Nicolás Bravo. No sé si es moderna o antigua, ni se pueden observar bien sus características en esta fotografía.

Muy reciente es una espadaña de ladrillo visto y sencillo estilo neoclásico de una casa particular que se puede observar desde la Plaza del Ojo de Agua. Tiene un solo vano, se remata en un frontón triangular y sobre éste lleva una veleta de hierro. La flanquean dos remates de barro cocido que recuerdan los adornos de algunas de las espadañas antiguas que hemos reseñado. Aunque no tiene naturalmente la pátina que sólo dan los años, ni es todavía un elemento tradicional de Aculco, quiero creer que algún día esta hermosa espadaña logrará alcanzar ambas cosas.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

La torre de la parroquia de san Jerónimo en restauración

Desde haces cerca de dos meses, la colocación de andamios en la torre y campanario de la parroquia de san Jerónimo nos indicó que los trabajos de restauración de este importante elemento arquitectónico, pospuestos por varios meses, habían comenzado ya. Esta semana el Arq. Lázaro Frutis, a cargo de esta restauración, me envió una serie de fotografías de la obra, las que nos permiten darnos una idea general de su avance y características. Hoy se las comparto precedidas de otras fotos y comentarios míos.

La torre se levanta a la izquierda de la fachada principal del templo, un poco remetida de su plano, y por algunos de sus elementos, como el zócalo moldurado, se puede asegurar que por lo menos la base se construyó de manera simultánea con aquélla. Es decir, entre 1674 y 1685. Sólo su zócalo y las piezas esquineras de esta base se realizaron en cantería, el resto es de tosca mampostería de tezontle. En su origen tuvo por todo adorno el curioso relive con una cruz flordelisada y los monogramas de Jesús y Cristo que ya antes reseñamos en este blog, que seguramente fue recuperado del templo del siglo XVI. Más tarde se le adosaron algunos sepulcros (de los que sólo queda una lápida de mediados del siglo XIX) y finalmente en 1901 se empotró en ella una cruz (exenta en su origen) con una palaca alusiva al cambio de siglo. En algún tiempo su enlucido estuvo decorado con sillares simulados con pintura que aún son ligeramente perceptibles.

Sospecho que el primer cuerpo del campanario se realizó asimismo cuando se labraba la fachada principal del templo, hacia 1685-1702, pues sus columnas esquineras son casi idénticas (aunque con capiteles un poco más esquemáticos) a las del primer cuerpo de ésta, e incluso el achaflanado de los arcos pretendió emular quizá el efecto de la doble arquivolta del acceso principal. Sin embargo, algo pasó y este primer cuerpo quedó inconcluso en su decoración. Esto no es sólo evidente por la austeridad del conjunto, sino que algunas piedras quedaron con sus relieves a medio labrar, como la que sirve de pedestal a las columnas de las esquinas noreste y noroeste, así como la arquivolta del arco poniente. Los propios capiteles de estas columnas -labrados al parecer in situ- tienen cierto aire inconcluso especialmente en la parte del ábaco. En la parte interior se escribieron con pintura roja los nombres de santos, apóstoles y evangelistas.

Con todo, no debió pasar demasiado tiempo antes de que se continuara la construcción del campanario, ya que los dos cuerpos siguientes muestran el mismo estilo y un inteligente diseño de las columnas esquineras de modo que reptien la "superposición de órdenes" de la fachada de la iglesia. Sin embargo, es evidente que intervinieron por lo menos dos manos en la realización de sus relieves en cantera: una más torpe que labró, por ejemplo, las arquivoltas que dan al poniente, y otra más capaz, que talló con ingenua maestría las arquivoltas del sur y oriente (la que muestra unos dragones es la más interesante), así como los ocho arcángeles sin alas pero vestidos a la romana, que en pequeños nichos ocupan las esquinas del cuerpo final.

El informe de los daños causados por el terremoto de 1912 indica que "el campanario estaba cuarteado en las claves de los cuatro costados", por lo que debió ser reparado antes de 1914. En algún momento una de las jambas del arco oriente del tercer cuerpo requirió también un refuerzo, que se hizo con cemento y alambrón. A esto hay que sumar el deterioro de las cornisas, caídas en tramos a causa del temblor, de la humedad o del simple descuido. Desde el piso era posible distinguir también fisuras en las bóvedas del campanario. Una gran grieta mal cubierta con cemento era también visible en la base de la torre, provocada aparentemente en la década de 1970 cuando se removió uno de los sepulcros adosados. En este estado dio inicio la ya necesaria restauración, ala que corresponden la serie de fotografías que siguen.

martes, 31 de octubre de 2017

¿Se reconstruyó la fachada de la parroquia tras el terremoto de 1912?

En su ensayo "La vicaría de Aculco" -publicado en 1954 en el número 22 de los Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM- la historiadora de arte Elisa Vargas Lugo propuso una extraña teoría acerca de la fachada del templo parroquial de este pueblo: ante lo que ella juzgó como desorden en la ubicación de sus elementos arquitectónicos y notorias diferencias de calidad en el labrado de la piedra, supuso que se encontraban así debido a una inadecuada reconstrucción llevada a cabo tras el terremoto del 19 de noviembre de 1912. Una propuesta ciertamente interesante, aunque demasido elaborada. Pero dejemos que ella misma lo argumente:

Precisamente el terremoto de 1912 nos va a servir de explicación para comprender por qué la fachada [...] aparece parchada con tantos elementos absurdos y armada mediante tan pobres soluciones de composición. Sin duda antes del terremoto la fachada tenía otra apariencia más homogénea. Debe haber conservado aún su estructura ornamental del siglo XVII en armonía con las capillas posas. Podemos afirmar, por lo tanto, que la iglesia y la torre sufrieron gran deterioro a causa del terremoto, y que los elementos que se salvaron de la catástrofe se combinaron como mejor se pudo para levantar otra vez la fachada, haciendo esfuerzo por copiar lo desaparecido, resultando esta nueva hechura de lo más heterogénea, en cuanto a que quedan en ella, mezclados, elementos de innegable valor artístico con otros de gran pobreza y debilidad [...]

La fachada está dividida arbitrariamente por cinco cuerpos desproporcionados -sin duda resultado de la ignorancia de los reconstructores-, separados por comisas ligeramente molduradas. El último cuerpo constituye propiamente el remate. Dos hileras' sucesivas de columnas a los lados de la portada, pareadas en los cuerpos primero, tercero y cuarto, rematan el quinto cuerpo con una sola columna; el segundo cuerpo está ocupado solamente por un zócalo absurdo, limitado por las cornisas. Las columnillas son todas chaparras y todas de capiteles "corintios", a semejanza de las de las capillas posas. En el primer cuerpo son de fuste enteramente liso; en el tercero una tiene el fuste liso y la otra en bajorrelieve, en helicoide, como salomónico incipiente, y en el cuarto y quinto cuerpos son de fustes labrados a la manera francamente salomónica. Este ordenamiento gradual y clasicista del movimiento barroco es típico del siglo XVII; esto y la insistencia en las formas salomónicas nos hace pensar que la fachada fué construída en dicha centuria, ya que sólo así, y no como simple coincidencia, se entiende este orden en una reconstrucción del siglo xx. Es decir, es evidente que los reconstructores modernos quisieron conservar la fachada como había sido, como la habían visto, lo que lograron sólo en parte. [...]

Hay tres elementos en la fachada que despiertan vivamente nuestro interés: los zócalos de las columnas del primer cuerpo, que nada tienen que ver plásticamente Con éstas y que seguramente fueron hechas, junto con las del tercer cuerpo, para la reconstrucción de 1914; las gárgolas que están colocadas a los lados de la fachada y la escena en relieve que sirve de remate. Los zócalos están hechos a base de preciosos relieves empleando como motivos vides y granadas, ambos, frutos simbólicos de la Sangre Preciosa de Cristo, en combinación con follaje. [...] También en las gárgolas y en la escena en relieve de la parte superior, encontramos aún cierto espíritu artístico del siglo XVI, en combinación con las formas del barroco moderado del XVII. [...]

El relieve que hemos mencionado es la obra artística de máximo interés en la vicaría de Aculco, no sólo por su calidad escultórica sino por el contenido de su tema y concepción; no es nada más un simple pasaje religioso, sino que es expresión viva, propia y significativa del ser criollo, que en esos años buscaba expresarse en alguna forma para tratar de afincarse históricamente. Esta obra (lárn. 8) representa una escena de la vida de Santa Rosa de Lima, santa criolla, peruana, terciaria de la orden dominicana, en el momento en que el Niño Jesús, durante una de las numerosas apariciones con que según sus biógrafos favoreció a la santa, le pide que sea su esposa y ésta, extasiada, le responde: Tu esclava soy Señor mi Jesús. Desde luego nos ha extrañado grandemente la presencia de una escena perteneciente al santoral dominicano en una fundación franciscana. [...] Otra solución a este enigma sería, tal vez, la posibilidad de que este relieve y las gárgolas, que como dijimos presentan igual manufactura, hubieran sido traídos a Aculco, procedentes de alguna iglesia cercana, no franciscana, después del terremoto, para colocarlos en lugar de la ornamentación que éste destruyó.

Pero, 63 años después de escrito este texto, ¿puede sostenerse aún la teoría de Elisa Vargas Lugo? En realidad no. Si bien existen pocos testimonios gráficos del estado de la fachada de la parroquia antes del terremoto de 1912 -básicamente un dibujo de 1838, dos fotografías de entre 1901 y 1903, y una fotografía más, cercana a 1910-, en ellos se observa con toda certeza que los elementos arquitectónicos se mantuvieron en su sitio y no fue necesaria ninguna reconstrucción general de la misma a raíz del sismo, como supuso la autora. Es más, los textos de los geólogos que profundizaron en el estudio del temblor en 1913 (publicados ya en este blog) nada dicen de la fachada del templo y en cambio sí describen los daños -más bien menores- en la torre y bóvedas. La lápida colocada en 1914 y retirada en 2015 (que seguramente propició el error de Vargas Lugo) se refería a la reparación de esos daños un año y medio después del temblor, no a una reconstrucción extensa que habría tomado más tiempo.

La explicación del error de la historiadora tiene tres vertientes. La primera es su falta de comprensión hacia el carácter verdaderamente popular y rústico del arte barroco de la región, en que la inserción en la corriente artística predominante de la época no se dio a través de verdaderos arquitectos, ni siquiera capaces maestros de obra, sino de entusiastas operarios que intentaron reproducir formas cultas sin llegar a entenderlas plenamente ni en su sentido estético ni en el estructural. La segunda es la participación de muchas manos distintas en la construcción de la fachada, pues con toda seguridad sólo unos cuantos de los trabajadores eran canteros calificados y a ellos se les encargaron los elementos que se juzgó merecían un trabajo más cuidadoso; así, lo que Vargas Lugo considera elementos sobrevivientes de la fachada original y los que conjetura adiciones o reproducciones del siglo XX son en realidad todos de la misma época (fines del siglo XVII y principios del XVIII, según documentos) y difieren simplemente en su calidad. La tercera vertiente tiene que ver con los daños que en efecto mostraba en 1954 la fachada del templo, pues tanto los nichos con sus santos decapitados, como los escudos franciscanos, como el deteriorado relieve de san Jerónimo estaban ocultos con aplanados que le daban al conjunto un aspecto de parchado deplorable. La historiadora no pudo ver muchos de esos elementos que dotan de mayor sentido a esta fachada y que narran también su historia constructiva.

En suma, la fachada de la parroquia de Aculco -con mutilaciones y alguna adición- es básicamente la misma desde hace 300 años. Y sus defectos respecto del arte culto de la época son, desde el punto de vista histórico, una de las cosas que la vuelven más interesante.

lunes, 25 de septiembre de 2017

El terremoto del 19 de noviembre de 1912 en Aculco.

En estos días de terremotos vale la pena recordar que hace 105 años nuestro pueblo sufrió los efectos de un fuerte movimiento sísmico muy cercano y superficial,características que provocaron grandes daños en muchos puntos de la región. Si bien en Aculco no se observaron los efectos catastróficos que tuvo por ejemplo en Acambay (que quedó prácticamente destruido), Timilpan y Temascalcingo, fue suficiente para que la gente durmiera por varios días en la calle, que algunas casas perdieran su planta alta, se agrietara la bóveda de la parroquia y casi colapsara el último cuerpo del campanario. Incluso se llegó a considerar el derrumbe de la cúpula del templo y las reparaciones sólo se pudieron concluir dos años más tarde.

El terremoto del 19 de noviembre de 1912 fue un fenómeno tan significativo que mereció uno de los grandes estudios geológicos de la época, la obra La zona megaséismica Acambay-Tixmadeje, estado de México, de Urbina y Camacho, publicada como volumen 32 del Boletin del Instituto Geológico de México en 1913. De ahí extraigo estos párrafos (páginas 6, 74 y 75) que se refieren específicamente a Aculco:

En poblaciones como Aculco y Chapa de Mota, situadas a 21 km. al N. la primera y la segunda a 34 km. al ESE. de la zona megaséismica, dirmían aún al aire libre cuando llegó la Comisión, veinte días después de pasado el primer choque.

[...]

Aculco. — Situado como a 21 kilómetros al N. de Acambay. Las descripciones que los testigos hacen del movimiento séismico son un poco más interesantes que las que hicieron del mismo en Temascalcingo y Timilpan. El resumen de ellas es el siguiente: sintieron un "jalón" hacia el S. E., seguido e otro al N.W., la tierra pareció aquietarse por un momento, después sintieron como pasos fuertes dados en los techos de las habitaciones y por último un vaivén. En el campo, según el dicho de un testigo, fueron visibles las ondas superficiales y haciendo que nuestro informante se colocara en la misma dirección en que lo sorprendió el fenómeno y el sentido en que pudo apreciar la propagación de las ondas, resultó la dirección: S. 85° E. En el pueblo y en los campos vecinos se escuchó un ruido semejante al del trueno de una tempestad lejana. La duración del movimiento fué muy corta. El estado de las construcciones no es propiamente ruinoso, no tuvimos a la vista el aspecto de desastre que revelan Temascalcingo y Timilpan, las destrucciones en Aculco fueron de menor importancia que en Chapa de Mota. En Aculco las construcciones son muy antiguas y algunas de dos pisos (1) teniendo en cuenta esta circunstancia puede deducirse que la intensidad del fenómeno pertenece probablemente al grado VI de la Escala de Cancani.

Citaremos un hecho que demuestra la poca intensidad del fenómeno en este lugar: existe una barda aislada de 4m.50 de altura y de 50 metros de longitud, construida de piedra (basalto) y tepetate que está orientada de N. a S. fué construida el 18 de Marzo de 1699. El cimiento de esta barda está a flor de tierra sobre las tobas, nada sufrió con el movimiento séismico. En cuanto a la inferencia que podamos hacer respecto a la dirección del choque más intenso, hay dificultad, en vista de que tantas observaciones se presentaron favoreciendo la dirección N.-S. (altos de la Presidencia Municipal) como la E.W. (Escuela de Niños.) Las cuarteaduras en la bóveda de la iglesia fueron longitudinales de E. a W. Las laterales, situadas en el arranque de los arcos son muy antiguas y la central que se abrió en las claves fué resultado del temblor; como se ve, nada dicen estas cuarteaduras, cuya formación es la misma cualquiera que sea la orientación de los templos de bóveda y como quiera que reciban el choque. El campanario estaba cuarteado en las claves de los cuatro costados. La dirección probable es de SE. a NW., tomando en cuenta la dirección seguida por las ondas superficiales y la conservación de la barda antigua de que hablamos. Fuimos informados en Aculco de que hace 40 años se dejaron sentir algunos temblores de tierra.

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(1) Una casa antigua de dos pisos, que sólo sufrió desperfectos de consideración en la planta alta, nos fué señalada como histórica; en ella se alojó D. Miguel Hidalgo después de la batalla de Aculco.

¿Y por qué hablar ahora de esto? Porque en Aculco solemos decir que aquí "no tiembla", y esa desmemoria puede tener en el futuro consecuencias muy graves al ignorar que esos fenómenos sí ocurren en toda esta zona.

lunes, 18 de septiembre de 2017

La grieta

En abril de 2014, denuncié en este blog el daño que la colocación de una carpa en el atrio de la parroquia causó en uno de los remates neoclásicos de su acceso sur. Aunque el caso fue difundido incluso en la prensa y la propia secretaria de Turismo del Estado de México hizo pocos días después una visitya al pueblo e informó en su cuenta de Twitter que la restauración estaba autorizada, lo cierto es que el remate de piedra sigue ahí, derrumbado y sin que al parecer a nadie le importe.

Pero como las cosas siempre pueden ir a peor, hace cerca de un año el otro lado del mismo acceso sur fue dañado por el golpe de un automóvil y desde entonces permanece cuarteado, de igual manera sin importarle a nadie esa situación que compromete su estabilidad.

La raíz de estas dos afectaciones a un elemento importante del patrimonio arquitectónico aculquense está en el mal uso de dicho patrimonio: por una parte, la colocación de cuerdas en el pebetero por personal mal capacitado, ignorante de su valor histórico y con la complacencia o falta de vigilancia de las personas que lo tienen a su cargo; por otra parte, el permitir introducir automóviles cotidianamente a un lugar evidentemente impropio e inadecuado para ello como es el atrio, peor aún cuando existe un estacionamiento a unos metros, también ante la mirada complaciente de quienes podrían impedirlo.

Pero quizá más preocupante que ello es el que se vayan acumulando daños sin que alguien tome las medidas para evitarlos en adelante, ni para reparar el perjuicio causado. La indiferencia al ver el deterioro de lo que es de todos es lo que verdaderamente escandaliza. La grieta, más que en el muro, parece que está en nuestra sensibilidad y en nuestro amor por Aculco.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

El Dr. Gustavo Baz en Aculco, en 1957

Dudé mucho en ponerle el título a esta entrada de mi blog Aculco, lo que fue y lo que es. Porque, en realidad, el texto que quiero compartirles hoy de lo que menos habla es propiamente del Dr. Gustavo Baz Prada, gobernador del Estado de México de 1957 a 1963, pese a que fue escrito en relación con su campaña electoral a la gubernatura. Resulta mucho más extenso, en cambio, el espacio que dedica el autor a dos filántropos aculquenses -Ignacio Espinosa y Alfonso Díaz- y particularmente a dos de sus donaciones al pueblo, entonces muy recientes: el Hospital Concepción Martínez y la reconstrucción de la Alberca Municipal (a la que por esos años se pretendió darle el nombre poco afortunado y convenientemente olvidado de "Balneario María Elena"). Vayamos, pues, al texto.

Por un camino de terracería, polvoriento, dejamos Polotitlán. Aculco era nuestra siguiente meta.

Aculco es un pueblo que debemos conocer. Es muy interesante. Baste decir que una tarde, ya para ponerse el sol, llegó un anciano de mirada noble y de porte augusto, a pedir ayuda para su causa. De esto hace siglo y medio. El pueblo lo observó, primero con angustia y luego lo acogió con fervor.

"Hijos — les dijo tan noble varón — , acudo a ustedes para que hagamos juntos la libertad de México". Aquel anciano había de ser el Padre de la Patria, don Miguel Hidalgo y Costilla. Aculco le dio, junto con el corazón, todo lo que pidió aquel inolvidable cura.

Al llegar a Aculco, un centenar de charros y chinas poblanas, esperaban al Maestro [Gustavo Baz] en las afueras del pueblo. El Doctor montó en un hermoso caballo canelo y lo escoltaron los charros hasta el jardín principal, donde se realizaría nuestro segundo mitin del día. El acto se desarrolló ordenadamente y se veía mucho entusiasmo en las gentes. Cuando terminó dicho acto, nos invitaron a visitar una preciosa alberca olímpica que tenía poco de inaugurada. Casi no quieren bañarse, para no maltratarla. Su historia es la siguiente:

De Aculco son dos ciudadanos ejemplares, filántropos de corazón gigantesco. El señor Alfonso Díaz y don Ignacio Espinoza. El primero es el que se encargó casi en forma permanente, de hacer arreglar las calles, donó hace algún tiempo, el Palacio Municipal y acaba de construir para bien del pueblo, aquella alberca que costó más de un cuarto de millón de pesos.

La alberca está en la parte Norte de la población y tiene una vista panorámica muy hermosa. Desde aquellos trampolines se miran las casas de Aculco, cuyas paredes de blanca piedra, tienen un trasunto de pueblo arábigo.

El otro hijo predilecto del pueblo, don Ignacio Espinoza, introdujo el agua potable y llevó la electricidad y con ella las múltiples comodidades que la vida moderna ofrece. Al morir en 1952, dejó un donativo de tres millones de pesos para un precioso hospital que ya se construyó. Este donativo lo manejaron con tal habilidad, que durante cinco años que trabajaron el dinero, construyeron su hospital con costo de más de un millón de pesos y a la fecha, tienen íntegro el donativo original.

El hospital lo maneja un patronato y es adecuado para las necesidades actuales, además de que se encuentran previstas las necesidades hospitalarias de una población creciente. Allí se palpa con objetividad, la labor casi apostólica que realizan los médicos de pueblo, que tienen claro sentido de su deber y son conscientes de una misión tan importante.

En una misma sala del hospital, se apreciaba el esfuerzo de un joven cirujano. Allí estaba el resultado de su arte y de su ciencia. Una señora convalecía de una operación de la vesícula biliar; una más había sido tratada de cierta fractura en una pierna; a otra se le practicó una cesárea, etc. Las demás se quejaban y no investigué el motivo. Me dió mucho gusto ver allí, el resultado de ubicuos esfuerzos. ¡Para que el cirujano aquél llegara a curar tanta dolencia, cuántos años de esfuerzo personal y cuántos sufrimientos habrá tenido! ¡Cuántos Maestros le transmitieron paulatinamente sus experiencias y le dieron su tiempo y su paciencia! Pero el resultado, hoy se veía presente. Como una planta que se observa desde que brota, crece.

 

Fuente: Gascón Mercado, Julián, Acuarelas sociales; de gira con el maestro Gustavo Baz, México, 1959, edición del autor, p. 70 y 71.

Del Hospital Concepción Martínez podemos decir que entró años después en franca decadencia, de la que lo rescató un nuevo patronato en la década de 1980 y hoy en día continúa, por fortuna, brindando atención médica. De la alberca... bueno, todos sabemos que un fallido intento de remodelación por parte del Ayuntamiento la dejó inutilizable desde hace cerca de dos años. Los trabajos por recuperarla se han reanudado hace poco, aunque no se advierte mucho empeño en ello.

miércoles, 30 de agosto de 2017

¿Aculco de Espinosa o de Espinoza?

Justo en vísperas de la fiesta patronal de san Jerónimo del año de 1954, la Legislatura del Estado de México aprobó un decreto por el que la cabecera municipal de Aculco perdió oficialmente la parte de su nombre que lo ligaba con aquel santo y recibió a cambió el apellido de don Ignacio Espinosa Martínez, filántropo local al que el pueblo le debe entre otras cosas la fundación del Hospital Concepción Martínez (que lleva ese nombre por su madre). Pero si cuando se llamaba San Jerónimo Aculco con gran frecuencia su nombre se veía escrito como "San Gerónimo Aculco" (y esta ortografía, con "g", resulta además la más abundante en documentos históricos que se refieren a él), con su nuevo nombre resultó que también en innumerables ocasiones lo vemos escrito -incluso en documentos oficiales- como "Aculco de Espinoza", con "z".

Pero lo cierto es que la ortografía que le corresponde es con "s". Así escribía su apellido don Ignacio y lo siguen haciendo de la misma manera sus familiares cercanos y lejanos. Incluso el decreto original respetó dicho uso, como se puede ver con claridad en el número 28 de la Gaceta del Gobierno del Estado de México del miércoles 6 de octubre de 1954, en la que se publico del decreto correspondiente.

Un detalle más en el que acostumbro insistir: sólo la cabecera municipal lleva el nombre de Aculco de Espinosa, no el municipio que se llama simplemente Aculco.

sábado, 26 de agosto de 2017

Aquí estuvo la escalera más hermosa de Aculco

Hace ya mucho tiempo escribí en este blog acerca de la Casa del Puente, una de las grandes casonas virreinales de Aculco, que fue estúpidamente demolida en la década de 1960 para dejar en su lugar prácticamente un baldío. Sobrevivieron apenas el portal que da a la plazuela José María Sánchez y Sánchez, su gran acceso enmarcado en cantera que se abre hacia dicho portal, unas habitaciones hacia la calle de Iturbide que también acabaron por desaparecer años después y, al interior, el cuerpo de construcción de mampostería de piedra blanca, tezontle y "piedra maciza" que albergó un día su escalera.

Pese a su ruinoso estado actual, los restos de esta señorial escalera todavía nos sirven para imaginarla en su mejor momento. Conserva, por ejemplo, el arco carpanel de acceso desde el patio, apoyado en un par de capiteles de orden toscano en cantera de buena factura. A su izquierda se observan dos vanos: el superior parece corresponder a la ventana del rellano; el de la parte baja a un acceso semienterrado a los sótanos que tuvo esta casa y que la distinguían entre todas las casas del pueblo.

Al interior de este cubo se observa un amontonamiento de piedras que quizá son los restos de la propia escalera, si bien los escalones de cantera fueron reutilizados al parecer en la fachada de un inmueble nuevo que se construyó parcialmente en su sitio. Al fondo se abre todavía el hueco de una alacena que se ubicaba en el descanso de la misma.

En el extremo opuesto y también bajo el arco de acceso se pueden ver todavía los restos del aplanado de cal y arena que cubrió en su totalidad sus paredes. Conserva este aplanado restos de policromía de diversas épocas y colores. El más antiguo corresponde quizá a a una capa de color amarillo con sillares fingidos que más tarde se cubrió de azul y al final de su existencia se adornó con un guardapolvo rojizo, época en que también se pintaron de ese color el arco, las pilastras e incluso los capiteles de cantera.

Escalinatas de esta importancia en Aculco sólo las hubo en el convento y en el Hotel de Diligencias de Arroyozarco. Por ello es más de lamentarse su pérdida, más cuando correspondió a una casa que fue por muchos otros motivos verdaderamente excepcional.